Los perros nos enseñan a amar
Cuando un animal llega a nuestra vida se convierte en nuestra familia. Ese perrito mascota nos cambia la vida: nos acompaña, nos despierta y nos hace sonreír. Nos volvemos el centro de su mundo: nadie está tan contento de vernos como él. «Para un perro, su dueño siempre es Napoleón” dice Aldous Huxley. Ante sus ojos somos los más guapos, inteligentes, simpáticos, sin importar si nos equivocamos, si tenemos un auto último modelo o un pasado tormentoso. Cumple la misión maravillosa de estar nuestro lado para compartir nuestras tristezas y alegrías y protegernos. Puede intuir cómo nos sentimos, levantarnos el ánimo cuando estamos tristes, escucharnos sin opinar, ni oponerse ni discutir. Y lo hacen con tanta bondad y misericordia, que hasta logramos curarnos de enfermedades en su compañía. Porque la vibración del amor puede curar. Además, como dice O. Wilde, “si pasamos mucho tiempo con los animales, corremos el riesgo de volvernos mejores personas.”
Se agranda la familia, adoptamos un perrito
Spiki llegó a ese hogar, para que Josefina pudiera nacer. Durante varios años los padres buscaron una hermanita para Tomás, todo parecía estar en orden, pero la cigüeña no llegaba. Uno de los médicos a los que consultaron llego a decir que el STRESS podría ser el motivo. Hicieron tratamientos y probaron terapias, sin éxito. Hasta que un día, cuando el niño tenía 9 años, adoptaron un perrito para que Tomy no se sintiera tan solo. Cuando fueron a buscarlo, encontraron unos cachorritos de la raza caniche toy tan pequeños, que cabían todos en una cajita. Papá le tuvo afecto inmediatamente, porque Spiki fue el único que lo miró a los ojos, entonces sintió que el perrito lo había elegido. Pues si, los perros nos eligen. Ellos son de los pocos animalitos que buscan el contacto visual con los humanos. El contacto visual del perro hace que se libere la oxitocina, la hormona responsable del amor y la unión, tanto en humanos como en caninos. Cuando nuestro perro nos mira, su nivel de oxitocina aumenta en un 130 %, mientras que nosotros experimentamos un aumento del 300 por ciento. Lo cierto es que en ese momento nació un lazo de afecto entre Spiki y el padre, que duró toda la vida.
Spiki, nuestro hermanito caniche
El perrito era un pompón de algodón minúsculo que todavía no sabía caminar y se resbalaba en el piso todo el tiempo. Tomás había empezado estudiar inglés y le gustaba la palabra inglesa “speaking” que significa hablar, le gustó como sonaba el nombre y entonces lo llamó Spiki.
Todos desarrollamos un vínculo muy fuerte con nuestros perros, pero para los niños es aún más valioso. Un perro les da cariño y compañía y les ayuda a expresar lo que sienten de modo natural y espontáneo. Con nuestro perro no hace falta hablar, solo sentir.
Los perros también vienen con un pan bajo el brazo
La adopción del cachorrito fue un gran acontecimiento para todos. Este nuevo integrante “chiquitito” (como lo llamaba la abuela) reclamaba atención y abrazos. Tomy estaba encantado con su hermanito caniche toy y los padres dejaron de estar ansiosos y preocupados porque la cigueña no daba señales de vida. Tan feliz estaban todos que, al poco tiempo, se sorprendieron con la noticia: la niña ya estaba en camino. Es un hecho que La felicidad es la mejor medicina. Este estado de bienestar tiene efectos muy positivos sobre el organismo y actúa directamente sobre el sistema inmunológico.
Pasear, acariciar y jugar con nuestro perro es una forma de reducir el stress, olvidar nuestras preocupaciones y por fin desconectarnos de la rutina. Esta criatura nos da una retroalimentación positiva motivadora, incondicional y sin juicios.. Al mismo tiempo el tener que cuidarlo nos hace calmar la ansiedad. El solo hecho de que esté allí a nuestro lado, nos ayuda a sobrellevar las condiciones más adversas.
Mi mejor amigo
Spiki se volvió inseparable de los pequeños, menos ir a la escuela, compartía todo con ellos. Los animales desarrollan la capacidad en los niños de cuidar de alguien y de sentirse competentes y seguros, lo cual es fundamental para su equilibrio emocional.
El perrito también acompañaba a papá en sus paseos y se sentaba a ver la tele con mamá. Tan pequeño y peludo, incapaz de quejarse, era un compañero infaltable. Es un hecho que la compañía de un perro mejora la calidad de vida de todo ser humano. A su lado podemos aprender a estar más presente y no sentir la soledad y la depresión.
A Spiki le gustaba ladrar a los perros que pasaban, sobre todo a los grandes. Los enfrentaba con tal ímpetu que a menudo se metía en problemas y había que salir en su auxilio a rescatarlo justo a tiempo para que no recibiera una paliza o perdiera un ojo en una batalla muy despareja. Es que este perrito caniche toy, creía que era un mastín. no se daba cuenta de que era “chiquitito” como decía la abuela. Le encantaba el queso, las costillas y la barbacoa de los domingos lo volvían loco. Dormía a veces en la habitación de Tomy y otras en la de Josefina, pero siempre cuidándolos a pesar de su tamaño. Los perros sin importar la raza, están a nuestro lado incondicionalmente expresándonos su amor. Con su inmensa capacidad de amar nos dan la oportunidad de ejercitar nuestro corazón.
Ese corazón de perro
Un día cuando Josefina y Spiki tenían 7 años, papá se mudó de la casa, y entonces comenzó una nueva vida para todos. Los niños y Spiki ahora pasaban algunos días con papá y otros días con mamá. Josefina, Tomás y Spiki crecieron repartiendo su tiempo entre los padres, pero Spiki no siempre podía ir de viaje con ellos porque Papá vivía en otra ciudad a varias horas de allí. Entonces el perrito comenzó a pasar muchos días sin sus hermanos y su papá. Y aunque mamá lo mimara, ya no era lo mismo. Los perros son muy sensibles y le afectan los cambios tanto como a los humanos. Pero sus sentidos están muy desarrollados: su olfato, su oído y su visión son muy poderosas. Perciben las vibraciones más altas y nos protegen absorbiendo las energías negativas, que luego ellos eliminan con elementos naturales, como las plantas y el agua. Al mísmo tiempo tienen la capacidad de elevar nuestra vibración con el movimiento de su cola, esas ondas de amor que emiten, armonizan el medio ambiente porque el amor es la vibración más poderosa y elevada.
Tiempo después, visitaron al veterinario para revisar a Spiki. Al auscultarlo, escuchó los latidos y detectó que su corazoncito chiquitito, chiquitito no funcionaba normalmente: el perrito tenía un soplo al corazón, lo cual es una insuficiencia cardíaca, o sea cuando el corazón no puede funcionar bien por completo y no es capaz de repartir la cantidad necesaria de sangre al cuerpo del animal.
A pesar de su soplo, Spiki vivió muchos años más, amado por toda la familia. A veces pasaba temporadas con la abuela, porque los chicos y la madre se iban de viaje o tenían muchas actividades y no había nadie en casa durante gran parte del día. Spiki amaba a la abuela, y no se movía de su lado cuando venía de visita. Cuando tenía casi 15 años, empezó a andar más lento, y a ladrar con cierta afonía, el veterinario dijo que tenía un edema pulmonar, que era un síntoma habitual en los perritos con problemas de corazón. Entonces recibió más cuidado que nunca, mucho amor y atención.
Cuando Spiki cumplió su misión en este mundo, ya no quiso comer, ni moverse y se durmió para siempre en el abrazo amoroso de Josefina. Su alma se elevó para fundirse con la luz y brillar en el universo. Quién sabe… quizás vuelva a nacer como un mastín para seguir amando.
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